En el transcurrir del ahora he aprendido a permitir que lo que debe ser, sea. Y no solo en el discurso, no solo en la idea, sino en la acción constante, que es el potencial que crea.
También he aprendido a no creer lo que otros dicen, solo porque lo dicen con aparente credibilidad, pues los mejores mentirosos, son los que creen que saben la verdad.
Y es que entre muchas otras cosas he aprendido que la verdad no es una posesión, ni un absoluto, mucho menos una institución. Porque la verdad cambia y se transforma, mientras se avanza al andar, y su sublime contenido, sólo desde uno mismo se puede asimilar.
Es por esto que permito, que "eso" que llamamos tiempo, sea lo que me guíe al avanzar... Que me muestre con el pasado las experiencias que me han formado; que dibuje en el presente lo asombroso, lo inesperado y, me proyecte hacia un futuro, que todavía no ha llegado.
Aunque el tiempo es relativo y su vivencia atemporal, a la manera y la forma, en que se decide danzar, con el ritmo de los acontecimientos, que determinan cada realidad.
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