viernes, 20 de mayo de 2016

Onírica levedad.

Tuve un sueño en otro tiempo, y en él, escuché al viento... 
Su susurro me contó sobre un mundo en su interior, que es vacío y a la vez, está lleno de lo que no ves... 


También supe de la conexión "umbilical" que alumbra su caudal, emergiendo sin prisa, resoplando en la brisa... Y que en su vientre se gesta, nace y crece, revienta! El instante que fallece; y que avanza... Siempre fresco, transcurriendo en el momento. 


Entonces, mientras el susurro del viento con migo conversaba, noté que había un espejo, y en el me reflejaba... Y ese reflejo me dijo: Deja ya de forzar, y anímate a fluir, deja ya de sufrir y comienza a vivir. Que tú eres el contenido, que al vacío le da sentido, tú eres el aire en el viento y el tiempo en cada momento. 


En ese instante el espejo se rompió y en mil pedazos estalló... Y lejos de desvanecerse, la imagen y el reflejo, en unidad se fundieron. 


Al siguiente instante me encontré suspendido en lo atemporal y comprendí entonces lo que era "real". 



Comprendí que todos somos el fluir, todos somos el viento, todos somos el espejo, todos somos el reflejo... 


Todos somos lo mismo, sucediendo a diferente ritmo, me dijo el último susurro que recuerdo haber oído.

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