viernes, 20 de mayo de 2016

No es pensarlo, es serlo.

Expresarnos más que una elección es una necesidad, porque sin expresión no existe realidad. ¿A qué me refiero con esto? me refiero a algo muy simple, cuando la energía que contenemos no se expresa, se estanca, y al estancarse se detiene, deja de vibrar, y con el "tiempo" se disipa. Se transforma también, pero al no haber recorrido los procesos de transformación de una manera adecuada, se convierte en una ineficiente circulación energética. Sin embargo no se estanca para siempre, pues todo depende del momento en que nos demos cuenta de que no se está fluyendo, porque al darnos cuenta, al tener conciencia del proceso, la conciencia activa nuevamente la circulación.

Ahora, hay que tener presente algo más: el proceso tiene su ritmo, sus periodos de avance y retroceso, sus fases de crecimiento y decrecimiento. Por eso es tan importante desarrollar la constancia y la concentración, porque al hacerlo, permitimos que el "río" energético fluya y exprese lo que somos en realidad. Es decir, nosotros contemplamos el ritmo y a la vez lo dirigimos con la conciencia que ponemos sobre él, pero este proceso consciente es de pura fluidez, nada de forzar o controlar, se trata de aceptar y entender.

Si observan su respiración, notaran que no es solo una especulación, pues hay un ritmo que palpita en el corazón, pero este ritmo no es dual, es unificante. No es un ritmo que nos lleva de aquí para allá, es un ritmo que nos mantiene en compenetración, y que sucede porque es necesario, sea o no sea esa nuestra elección.



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