Expresarnos más que una elección
es una necesidad, porque sin expresión no existe realidad. ¿A qué me refiero
con esto? me refiero a algo muy simple, cuando la energía que contenemos no se
expresa, se estanca, y al estancarse se detiene, deja de vibrar, y con el
"tiempo" se disipa. Se transforma también, pero al no haber recorrido
los procesos de transformación de una manera adecuada, se convierte en una
ineficiente circulación energética. Sin embargo no se estanca para siempre,
pues todo depende del momento en que nos demos cuenta de que no se está
fluyendo, porque al darnos cuenta, al tener conciencia del proceso, la
conciencia activa nuevamente la circulación.
Ahora, hay que tener presente
algo más: el proceso tiene su ritmo, sus periodos de avance y retroceso, sus
fases de crecimiento y decrecimiento. Por eso es tan importante desarrollar la
constancia y la concentración, porque al hacerlo, permitimos que el
"río" energético fluya y exprese lo que somos en realidad. Es decir,
nosotros contemplamos el ritmo y a la vez lo dirigimos con la conciencia que
ponemos sobre él, pero este proceso consciente es de pura fluidez, nada de
forzar o controlar, se trata de aceptar y entender.
Si observan su respiración,
notaran que no es solo una especulación, pues hay un ritmo que palpita en el
corazón, pero este ritmo no es dual, es unificante. No es un ritmo que nos
lleva de aquí para allá, es un ritmo que nos mantiene en compenetración, y que
sucede porque es necesario, sea o no sea esa nuestra elección.
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