Vivir es tener presente todos los elementos que forman parte de la vida, desde lo pequeño, hasta lo grande; de lo general a lo específico. Todo de manera interrelacionada.
Y para vivir de verdad es necesario saber pensar y atreverse a sentir, comprendiendo que la experiencia es lo que nos nutre de manera significativa. Ya que de nada sirve saber, si no se experimenta y se palpa desde uno mismo lo que acontece en la realidad que somos. Porque somos seres senti-pensantes. Somos arte y ciencia al mismo tiempo.
Por esto mismo es tan importante desarrollar no solo una inteligencia intelectual, que razone y piense, sino también una inteligencia emocional que sienta, regule y dirija lo que pensamos. Entendiendo que las emociones que se depositan dentro de cada pensamiento, cada recuerdo, y cada acción, determinan la interpretación de lo que percibimos a cada momento en el que existimos. Lo que determina a su vez, las elecciones que hacemos, y las decisiones que tomamos.
Por eso vivir es tener presente al presente, porque en él se conjuga todo lo que nos determina, guía, y dirige a cada instante.
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