viernes, 20 de mayo de 2016

Un instante sostenido.

Recostado, ingravito en el tiempo que fluye, y que sin embargo, no importa no transcurre, para este que solo observa el espacioso cielo, algodonado a ratos, rozando una eternidad que me empapa, como el infinito espacio que en el horizonte se escapa. Entonces lo intento, intento no pensar, para ver si acaso el cielo, y su eterno vacío, logro acariciar... Luego llega un frío que viaja con la brisa, y en antagónica llegada, me sorprende una sonrisa, es la presencia de mi alma que me envuelve con su tibia compañía, y me obsequia su calor; Un calor que de mi fluye y, se detiene, luego vuelve a avanzar y en su oscilante ritmo me hace vibrar, produciendo un movimiento que en el vacío del cielo me permite bucear, aunque solo en esos instantes, en los que dejo de pensar.

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